Notas sobre la gaita y tamboril en Móstoles

 Notas sobre la gaita y tamboril en Móstoles.

Recreación de tio Quintín y su hijo en la Ermita de Nuestra Señora de los Santos.

Al sur de la Comunidad de Madrid, a pocos kilómetros de la capital y a muy poca distancia del limité con la provincia de Toledo, encontramos esta ciudad dormitorio, que al igual que otras de sus alrededores surgen al calor del éxodo rural de los años sesenta en España, haciéndola crecer de manera exponencial.

¿Qué interés puede tener Móstoles si hablamos de la dulzaina en Toledo? Cuando hablamos de los pueblos y ciudades de la Comunidad de Madrid y a medida que nos acercamos a la capital, es inevitable encontrar la despersonalización, el sincretismo o la aculturación que llevan a la pérdida de la identidad y la cultura tradicional. Diversos acontecimientos de diferente índole, marcaron durante el siglo XX todo un proceso que contribuyó de manera casi definitiva a la desaparición de las formas de vida rurales, y por ende de gran parte de sus expresiones folclóricas.

A principios del siglo anterior, Móstoles también formó parte de un paisaje rural, que no guardaba apenas diferencias con otros pueblos cercanos de Castilla la Nueva o el antiguo Reino de Toledo, compartiendo similitudes como el uso de la dulzaina. De esta forma, y tomando como referencia la Nacional V, Móstoles y Navalcarnero serían una extensión de la misma zona de influencia cultural de las comarcas septentrionales de la provincia de Toledo.

La gaita del “tío Quintín”.

En 1908 se publicó la obra del escritor mostoleño Juan Ocaña Prados, titulada Apuntes para la historia de la villa de Móstoles. Se trata de una guía descriptiva de la localidad en la que se tratan diversos temas tales como su historia, fiestas de carácter religioso, datos referentes a su población o edificios y lugares de especial relevancia. Gracias a la información aportada por el autor, podemos conocer algunos datos de cierta importancia respecto al uso de la gaita y tamboril en Móstoles.


El Sábado Santo desde primeras horas de la mañana tenía lugar la construcción de unos arcos de romero en flor en cuya parte superior se colocaba una cruz, también de romero, adornada con naranjas y limones. A las once de la mañana los gaiteros entraban al pueblo tocando un redoble de tambor, llamando la atención de los niños que acudían tras la música hasta la casa del alcalde, donde los músicos eran recibidos con un vino. Eran el “tío Quintín” y su hijo, venidos desde la vecina localidad de Fuenlabrada, quienes, tras el refresco, recorrían las principales calles del pueblo. Con el tiempo la gaita y tamboril fueron paulatinamente sustituidos por una murga venida desde Madrid, alternándose ambas en diferentes ocasiones. Aunque no se tienen datos precisos, la dulzaina pudo haber desaparecido de Móstoles en los años veinte, poco antes de la Guerra Civil de 1936.

También se tiene constancia durante el Domingo de Resurrección de la dulzaina acompañando a una comparsa de doce niñas vestidas de blanco a las que se conocía como "gitanillas", dirigidas por un niño que recibía el nombre de "bobo". Dichas denominaciones se repiten de igual o similar forma a lo largo y ancho de todo el territorio español, pudiéndose establecer un conjunto de peculiaridades que apuntalan la idea de un origen y suerte común, aún patentes en determinados lugares como Cebolla en Toledo, Cataluña o País Vasco con sus danzas de “gitanillas” o “gitanos”.

Estás niñas “danzantas” ejecutaban diversas danzas entre las que se encontraba el "tejecordón", un baile en el que se trenzaba un mástil con cintas cruzándose en ambos sentidos. Una vez trenzado se recitaban unas oraciones dedicadas a la Virgen para, a continuación, finalizar la danza en sentido contrario destrenzando el mástil. Está tradición que cuenta con siglos de historia se realizó por última vez en Móstoles en 1860.

Otra referencia encontrada en la hemeroteca durante el transcurso de las fiestas del 2 de mayo de 1917, es la participación de la gaita y tamboril acompañando un tradicional desfile de gigantes y cabezudos.

La Correspondencia de España. 26-4-1917. Biblioteca Nacional de España.

Después de muchas décadas sin dulzaina en la villa de Móstoles, el instrumento volverá a sonar en los años ochenta de la mano de Inocente García de Andrés, llevando a los hermanos Gregorio y Vicente García a tocar en una ofrenda floral a la Virgen de los Santos, patrona de la localidad, el 12 de septiembre durante el transcurso de las fiestas de Móstoles.
Otro dulzainero de renombre que tocó durante esta festividad, fué el segoviano natural de Fuenterebollo, Serafín Vaquerizo.

Inocente sabía de la existencia de la gaita y el tamboril en Móstoles tiempo atrás, de modo que su intención fue la de hacer dicha ofrenda del modo tradicional en cuanto a la música se refiere.

Gregorio y Vicente García en Mostoles. Años 80.

En la foto tocando Serafín Vaquerizo, Santiago Matey Montes, y que fue su compañero muchos años, y con el también muy querido y admirado Vicente Martín y Vicente Martín, en Valdevarnés el año 2004.





Bibliografía:
-Apuntes para la Historia de la Villa de Móstoles. Juan Ocaña Prados. 1908. https://www.europeana.eu/es
-Información sobre los años 70 y 80 en Móstoles y foto de Gregorio y Vicente: Inocente García de Andrés.
-Foto de Serafín Vaquerizo extraida de la cuenta de Facebook Carlos de Miguel Calvo.

Escrito por Diego Caerols. Corregido por José Manuel Valle.

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