Apuntes sobre la dulzaina en Ocaña.


Apuntes sobre la dulzaina en Ocaña.


La dulzaina en Ocaña representa un caso singular dentro de la comarca toledana que lleva su nombre: La Mesa de Ocaña. A diferencia de localidades manchegas como Villanueva de Alcardete o Cabezamesada situadas a no demasiados kilómetros, donde la presencia del instrumento tiene mayor raigambre, esta comarca ofrece pocos indicios de su uso tradicional. Esto convierte a Ocaña en una zona donde el uso y presencia de la gaita y tamboril ha llegado hasta nuestros días , de forma única y testimonial en la provincia de Toledo.

La dulzaina en la localidad se encuentra indisolublemente ligada a la comparsa de gigantes y cabezudos, al igual que ocurre en numerosos pueblos de España. Aunque las primeras referencias encontradas se remontan a los años cincuenta, el instrumento habría desaparecido muy probablemente durante la década de los treinta, una suerte común en la provincia provocada por tradiciones caídas en desuso, una falta de músicos que tocaran el instrumento, la irrupción de la música mecánica como el organillo, la sustitución por orquestas y bandas municipales que acabaron con la popular figura de los gaiteros, el relevo de la dulzaina por instrumentos más modernos y más sencillos de tocar como el clarinete o el saxofón, y el abrupto parón que supuso el estallido de la Guerra Civil en 1936.

Se sabe con certeza que, desde finales de los años sesenta, la dulzaina y el tamboril acompañaron de forma estable a los gigantes y cabezudos de Ocaña, tal y como atestigua un programa de fiestas del 7 de septiembre de 1968. Los artífices de este renacer sonoro fueron Andrés Sánchez Fraile y su esposa Adoración Sánchez Bonilla, un matrimonio de músicos de Loranca del Campo (Cuenca) conocidos como “Los Pochos”, muy populares en la zona de La Mancha Alta conquense, en pueblos como Huete y Belinchón, entre otros muchos. Tomaron parte en las fiestas de Ocaña de manera regular durante más de veinte años, incluso después del fallecimiento de Andrés, ya que Adoración continuó acudiendo a Ocaña con otros músicos de Cuenca hasta bien entrados los años noventa.

Durante la década de los ochenta, Francisco Gregorio Cano y su hijo José Gregorio Guzmán, eran los encargados de acoger a "Los Pochos" y preparar a los gigantes y cabezudos antes de su salida en el patio de su casa. Aquel ambiente debió ser único entre bebidas, aperitivos, y la gaita y el tambor de Andrés y Adoración. Algunos ocañenses aún recuerdan con cariño a aquel singular matrimonio que inauguraba la feria de Septiembre, que enseñaba canciones a los niños e incluso les regalaba pequeños instrumentos musicales fabricados con sus propias manos.

Respecto al repertorio que sonó en las calles de Ocaña, “Los Pochos” interpretaban un cancionero propio de la provincia de Cuenca, reflejado en su musicassette "Danza de Palos en Cuenca", grabado en abril de 1987 por Tecnosaga. Todo ello, sumado a un amplio repertorio de canciones festivas para acompañar el paso de la comparsa.

Otros grupos como el grupo salmantino originario de Salmoral, “Los Talaos”, de gran prestigio en el mundo de la dulzaina, aparecen en el programa de fiestas del año 1996 o “El Azoguejo” procedentes de Segovia, que tocaron en Ocaña en años posteriores.

A modo de conclusión, aunque el uso de la dulzaina en Ocaña haya sido casi por inercia, e intermitente en las últimas décadas, se tiene una excelente oportunidad para que la gaita y el tamboril sigan sonando junto a los gigantes y cabezudos, indiscutible patrimonio de los Ocañeros, que debe ser puesto en valor.



Bibliografía:

Por orden de aparición: 

-Imagen 1 y 2: Programa de fiestas de Ocaña de 1968. Perteneciente a la Biblioteca Virtual de Castilla-La Mancha. Centro de Estudios de CLM (CECLM-UCLM).

-Imagen 3: Andrés Sánchez Fraile y su esposa Adoración Sánchez, "Los Pochos". Extraída de Danza de Palos en Cuenca, Serie La dulzaina, Volumen 8. Saga. 1987.

-Algunas informaciones basadas en el testimonio de la informante Beatriz Gregorio Guzmán.

Escrito por Diego Caerols Ortúñez.





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